Historia

El Bonsol, fue el sueño de Antonio Xamena (1910-1996), un mallorquín que amaba la isla y quería dar la oportunidad a otras personas de experimentar y disfrutar de sus encantos como lo hizo él.
La familia Xamena es originaria de Felanitx, un pueblo alegre y acogedor conocido por su importante industria de cerámicas y por su producción vinícola. En Felanitx nació el arquitecto Guillem Sagrera (1380-1454) la Lonja de Palma es una de sus obras más emblemáticas. También es hijo ilustre de esta ciudad, el historiador Mosén Pedro Xamena (primo de Antonio Xamena).
Antonio, hijo de Martin y Barbara Xamena, se educó en el colegio de los padres Teatinos de su pueblo natal. Le gustaba leer y utilizaba a menudo la biblioteca. Pronto demostró interés por la escultura y la pintura. También se interesó por los jardines, primero los de Felanitx y luego los de Mallorca en general donde encontró numerosos ejemplos interesantes ; desde los que pertenecían a las casas particulares más modestas hasta los patios interiores y los extensos jardines de los palacios y casas señoriales.
Muy joven se hizo socio del Fomento de Turismo de Mallorca (fue el socio más joven). Esta asociación que aún existe, promovía el conocimiento de la Isla a residentes y visitantes, organizando excursiones a pie. Estos paseos aumentaron el respeto por el medio ambiente y la convicción de que tanto en las zonas vírgenes como en las zonas cultivadas la naturaleza no debería alterarse de forma drástica sino debería desarrollarse del modo más respetuoso posible.
Tenia mucho interés por descubrir el mundo dentro y fuera de Mallorca y a los 7 años, fue la primera persona de su pueblo natal que recibió el bautismo del aire, en un hidroavión en Porto Colom (el puerto de Felanitx) ya que en la isla no había pista de aterrizaje. Cuando tuvo 16 años se le brindó la oportunidad de salir de Mallorca con motivo de la celebración de un partido de fútbol entre el Castellón y el Mallorca. Junto con otros amigos se fue a Castellón y disfrutó mucho más visitando Valencia que del partido en si. Ésta fue su primera salida de las muchas que hizo fuera de Mallorca. A los 19 años heredó una bonita suma y pensó que la mejor inversión era disfrutar de un mes de ensueño en Paris y así lo hizo.
El padre de Antonio quería que fuera agricultor pero el chico pensaba que el trabajo en el campo era demasiado limitado ya que le gustaba conocer gente y participar en actividades sociales. Cuando tuvo 17 años dejó Felanitx y empezó a trabajar de en unos almacenes de tejidos de Palma, cuando la ciudad comenzaba a recibir la visita de un gran número de turistas franceses e ingleses. Antonio consideró muy importante el conocimiento de dichas lenguas. El esfuerzo que hizo fue recompensado ya que resultó que era la única persona de la tienda que dominaba estos idiomas y a pesar de ser muy joven , pronto ascendió a jefe de departamento. Cuando sólo tenía 19 años su padre falleció.
A los 26 años su carrera profesional fue interrumpida por la Guerra Civil. Al terminar esta, conoció a Roger, hija del propietario de una pequeña fábrica de piel, recién llegado junto a su esposa de Badajoz, Extremadura. Antonio y Roger se enamoraron y al poco tiempo se casaron.

Antonio Xamena quiso ser más independiente en su trabajo y decidió abrir su propio negocio en Palma con su amigo Jorge Rossello, que era muy buen sastre. Abrieron la tienda “ROXA” (Rosselló & Xamena) en la calle San Miguel frente al mercado de Olivar en el centro de Palma .
Antonio y Roger se fueron a vivir a la casa que Antonio tenía en Palma. Los dos fueron muy felices y no pasó mucho tiempo antes de que le surgieran nuevas oportunidades. “Roxa” aumentó sus ganancias substancialmente cuando empezaron a confeccionar gabardinas en serie, novedad en Mallorca, ya que hasta entonces, todo se hacia a medida. Al ver que su negocio prosperaba, en 1950 Xamena pensó que podía construir una casa en la costa sudeste, donde había comprado un terreno en un lugar idílico, en Cala D’Or, que en aquel entonces era un pequeño pueblo de pescadores.
La casa se construyó en dos plantas independientes, cada una con seis dormitorios, ya que pensó que mientras vivía en una sección podría alquilar la otra si lo deseaba. La casa tenia el inconveniente de estar muy alejada de Palma, por lo que , Antonio solamente podía estar con Roger los fines de semana. Durante una fuerte tormenta, un rico americano se refugió en el porche (seguramente no había adquirido ninguno de sus impermeables.) Cuando el tiempo se aclaró, la belleza de la casa y de su situación le impresionaron; describiéndola cómo su “Shangri-la”, le dijo a Roger que esta casa era su sueño y deseaba construir una igual. Roger le ofreció vendérsela por una fuerte suma, si Antonio estaba de acuerdo. Antonio estaba trabajando, por lo que tuvo que ir al teléfono más cercano, a dos kilómetros, para asegurarse que aprobaba su acción ; él desde luego aceptó.
Ahora podrían comprar un terreno en una playa cerca del centro de Palma.
Antonio disfrutaba del placer de sumergirse en las aguas cristalinas del mar cada mañana antes de ir a trabajar. Se preocupó cuando la expansión del puerto enturbió las aguas de la playa donde solía bañarse, y empezó a buscar aguas más claras fuera del futuro puerto. Las encontró en una pequeña cala de Illetas dominada por una vieja casa solariega que pertenecía al castillo de Bendinat. Consiguió realizar esta compra crucial en el año 1951.
Aunque el edificio estaba en mal estado, un año después ya estaba suficientemente restaurado para poder vivir en el. A Roger le gustó su nueva casa pero al poco tiempo se dio cuenta que durante el día estaba muy sola ya que los vecinos más cercanos estaban a casi 2 km.. Antonio no deseaba volver a la casa de la ciudad y se le ocurrió la idea de transformar la villa en un pequeño hotel , donde recibirían a sus huéspedes como si fueran sus amigos. Esta filosofía sigue manteniéndose en las nuevas generaciones de la familia Xamena.

EL HOTEL

En junio de 1953 llegó el primer huésped.
En aquella época no había los medios de promoción actuales. Se informó a los taxistas que recogían a los pasajeros del ferry de Barcelona-Palma de la apertura del nuevo hotel, y todos los nuevos huéspedes quedaban encantados del ambiente cálido y agradable creado por Antonio y Roger, por lo que los taxistas-agentes-de-viaje no dudaban en recomendar más y más el Bonsol.
Durante el segundo año, entre los huéspedes llegó Errol Flynn que estuvo un mes y quedó tan impresionado por la zona que alquiló una casa cercana. . Flynn pasó largas temporadas

en Illetas, navegando por las aguas mallorquinas y a muchos de sus amigos les recomendó el hotel de los Xamena, con los que mantenía una buena amistad.
El Bonsol ya tenia más demanda que habitaciones disponibles y a los dos años, se decidió ampliar los 14 dormitorios con los que inició su actividad a 42.
Antonio decidió dedicarse plenamente al Bonsol y vender su parte del negocio de Palma a su socio. En 1958 aumentaron la capacidad del hotel a 73 habitaciones.
La casa original se levantó sobre una colina en un lugar donde tanto el sol del invierno como las brisas del verano se podían aprovechar al máximo, ya que los niveles más cercanos al mar eran húmedos, y los visitantes de Mallorca al principio buscaban la bondad del clima invernal de la isla. Cuando los gustos de los turistas cambiaron, buscando la playa y el sol del verano fue evidente que una playa sobre el mar seria una ventaja para el hotel. En el año 1957 se compró el terreno de la playa con la cala y los solares entre esta y el hotel..
Entre 1958-79 en el terreno de la playa se construyeron las villas y el jardín y en el año 1980 se amplió el edificio principal a 92 habitaciones.
Muchos de los clientes del hotel se estaban volviendo mayores y empezaban a tener dificultades para subir los 200 escalones desde la playa hasta el hotel. Por ello se decidió construir una conexión con ascensores y túneles para evitar cruzar las calles. Este complejo trabajo se empezó en 1969 y hasta once años más tarde no se pudieron conectar los túneles y los ascensores. En el año 1984 se abrieron definitivamente todas las interconexiones. Cuando se terminaron los ascensores y los túneles se mejoró de tal manera la comunicación de las diferentes zonas e instalaciones del hotel, que se podía considerar como una sola unidad.
La construcción progresiva del hotel y su desarrollo a lo largo de diferentes etapas configuraron su carácter. Cada vez que se proyectaba una nueva zona Antonio y Roger podían aportar nuevas experiencias y tener en cuenta las opiniones de sus huéspedes.
Si Antonio no se hubiera ocupado de su hotel seguramente le hubiera gustado trabajar de contratista de construcciones y hubiera tenido mucho éxito, si se pudieran juzgar las contribuciones a los procesos en la construcción.
Antonio y Roger eran muy amantes del arte, especialmente de la pintura. Un número importante de su colección de cuadros fueron heredados de un tío suyo, canónigo que dedicó toda su fortuna a la restauración del Monasterio de San Salvador de Felanitx, donde construyó la hermosa capilla de Cristo Rey. Los monjes en agradecimiento le regalaron una importante colección de pinturas. Durante algunos años, antes de que Antonio recibiera la herencia, los cuadros estuvieron guardados en un sótano y sufrieron daños por la humedad. Se necesitaron diez años de trabajo para su restauración.
Antonio y Roger, adquirieron también otros muchos cuadros y obras de arte en Italia, Tailandia, Sri Lanka, Filipinas, Burma, China, etc. Todas las piezas se integraban de una forma especial con el carácter del hotel que siempre mantenía el calor de la casa solariega original. Antonio tenía buen ojo para las obras maestras, Roger tenía el don de encontrar su lugar adecuado en el Bon Sol.

EL MAR

Antonio y Roger querían que su hotel estuviera relacionado con el mar de una forma muy especial. Deseaban que cada huésped pudiera disfrutar al menos de una vista parcial de la Bahía de Palma y conseguir que el ambiente del mar impregnara todo el establecimiento. El mar es un tema repetido en los cuadros que escogieron o encargaron para las zonas públicas y para las habitaciones de los huéspedes, mientras que la evolución de los espacios que descendían hacia el mar se convirtieron en la característica unificadora de los edificios del hotel y de sus jardines. Se brindaba poder disfrutar del mar en todas sus facetas, nadando en la pequeña orilla privada, contemplando sus movimientos desde las terrazas con amplias vistas o dando protección en tiempos inclementes, no muy frecuentes en Mallorca.
Durante la tarde el restaurante de la playa y las zonas con terraza se convertían en lugares privilegiados para contemplar el crepúsculo sobre el mar y las barcas de pesca, blancos cruceros y aquellos barcos cuyas velas parecían que sostenían permanentemente la luz del sol
Durante el largo periodo de desarrollo y expansión del hotel y a medida que crecía desde los orígenes, Antonio notó cambios en el diseño hotelero. Las señales decían que el futuro de Mallorca dependería principalmente del turismo pero en su opinión, la calidad de los servicios para los turistas que se estaban desarrollando en algunas partes de la isla no eran suficientes. Visitaron los Estados Unidos de América y comprobaron que las características y la calidad de algunos hoteles de allí eran tan superiores que muchos hoteles nuevos de Mallorca parecían pasados de moda antes de su finalización. Entonces decidió que todo lo que construiría mantendría el carácter mediterráneo del edificio original. No sólo estaba ansioso de que su hotel alcanzara los mejores niveles de calidad para los clientes, sino que también quería que todas las mejoras y ampliaciones de alojamiento se realizaran respetando el medio ambiente en todos sus aspectos.
Desde el principio trabajó para conseguir un equilibrio ecológico ya que pensaba que cada hotel y casa de la isla debía asimilar sus propios residuos. Las aguas residuales del hotel se depuraban y se utilizaban para regar el jardín. Este sistema funcionó hasta que se instaló la red municipal de depuración de aguas para regar el campo de golf local. Mas adelante se separaron los desagües de la ducha y del baño para que el agua, después de ser tratada, fuera usada para el riego de los jardines del hotel. Unos años más tarde el calor residual generado por el aire acondicionado se utilizó para calentar las piscinas y precalentar el suministro de agua caliente. En el año 1968 la energía solar (la primera instalación en Mallorca) también contribuyó al sistema. Se utilizaron quemadores de cáscara de almendra (y aún siguen utilizándose) como energia renovable, para la producción de agua caliente y calefacción central. Los quemadores de gasoleo sólo se utilizaban en las horas punta. Todo el sistema consiguió niveles excepcionales de rendimiento energético y disminuyó la contaminación atmosférica y evitó la contaminación del mar.

EL JARDÍN

Antonio quería crear un jardín que fuera especial y tuviera su propio carácter, que fuera principalmente mallorquín, con plantas y árboles originarios de la isla y que pudieran crecer felizmente en el suelo y entre las rocas. Consideró detenidamente la mejor manera de utilizar el terreno como los jardines creados por los Arabes, famosos por sus hermosos patios y un control muy hábil del movimiento del agua. Alguna cosa ya se había podido ver en la finca mallorquina Alfabia (derivado de la palabra árabe Al-Fabi o tarro de olivas) cerca de Sóller.

Al suponer que el trabajo resultaría extremadamente laborioso, decidió acometer sin demora la construcción del jardín porque preveía que pronto no seria posible encontrar artesanos para realizar esta labor. Siempre consideró que un ambiente totalmente agradable era parte integrante de su concepto del bienestar.
Se construyeron poco a poco tramos de escalones, terrazas plantadas y caminos. Un equipo de seis hombres, trabajó en la construcción del jardín durante un periodo de veinte años. El maestro aparedador Sebastián estaba tan ilusionado y comprometido en el proyecto que continuó trabajando más allá de la edad de su retiro y pasados los 70 años.
Adquirieron una amplia gama de plantas, incluyendo una gran cantidad de geranios que formaban cascadas desde las ventanas y terrazas del hotel y caían hacia las rocas de los jardines inferiores, floreciendo durante casi todo el año. Pero, a finales de los 80 una oruga de mariposa diezmó los geranios del Bon Sol y del resto de Mallorca. Hasta cierto punto fueron substituidos por otras plantas. Había y hay muchos árboles que florecen, incluso moreras con gusanos de seda. Los ficus crecían profusamente y tenían que podarlos muy a menudo; los limoneros y naranjos crecieron pero no pudieron resistir la competencia de las diferentes clases de pinos, desde las diminutas especies hasta los que se hacían altísimos y sostenían las largas lianas de hiedra. Las datileras crecían profusamente soportando considerables racimos, así como las palmeras Washintonia y los palmitos, típicos de la isla y capaz de renovarse después de graves incendios que no pocas veces llegaban a las zonas montañosas. Tradicionalmente sus ramas se utilizaban para hacer cestos. Todas estas plantas tenían un hermoso follaje, cómo los olivos , los hibiscus y las adelfas, un árbol muy tupido o similar a un arbusto que florece casi todo el año. El proceso de la creación de un jardín no es fácil, a menudo hay una interesante historia de evolución, de crecimiento y adaptación, de éxito y de fracaso. Antonio Xamena era aficionado a los abetos azules y plantó unos cien. En Illetas no se adaptó ninguno pero dio cinco de ellos a un amigo que vivía en Valldemossa y ahora son los árboles más espectaculares de la zona.
Ahora se puede ver que los jardines, en su madurez, contienen una magia especial. Son complejos y sorprenden a los visitantes. El verano trae su brillo, los contrastes máximos entre claros y oscuros, el calor de las piedras a la luz del sol, el frescor de las grutas. El invierno trae sus propias cualidades y la generosa luz del sol invernal de Mallorca también puede despertar calor y los placeres visuales de la luz al atardecer reflejada en las paredes blancas y en las nubes teñidas de múltiples colores. En estos jardines los matices verdosos, tan frescos en invierno como en primavera, contrarrestan los colores de la buganvilia y de otras flores exóticas. Los troncos de árboles grandes y pequeños, las raíces aéreas, las frondosos lianas de hiedras dan a algunas partes un ambiente casi selvático, mientras que otras son abiertas y sofisticadas, donde los clientes pueden descansar a la luz del sol.
Los niveles cambiantes con numerosos tramos de peldaños se hacen más interesantes porque conducen, a menudo indirectamente, a lugares como la cascada y a las espectaculares piscinas, todas accesibles a través de los ascensores o los túneles. A veces los caminos conducen a un lugar desconocido, girando alrededor de un árbol o una roca, donde los rayos del sol puede que por un momento aclaren la ruta o la hagan más misteriosa, como cuando brillan en la vegetación y a través de ésta se ve el cielo azul, inesperadamente reflejado sobre la superficie del mar. Los caminos siguen los contornos y cruzan el puente de piedra por debajo del cual el agua fluye, o pasan una pequeña cascada y por debajo de altos árboles desde donde bajan zarcillos de hiedra.

Es un jardín que demuestra los contrastes más sorprendentes de luz, forma y textura, explotando las características de los árboles, arbustos y plantas en combinación con la tierra y la roca, la pared de piedra o el pavimento; consigue proporcionar una variedad poco común de experiencias visuales y psicológicas, refrescando el visitante de una manera especial que sólo puede conseguir un buen jardín mediterráneo.

VISITANTES DEL BON SOL

El Bon Sol parece que siempre ha tenido suerte con sus clientes. Uno se pregunta si Antonio instruía a los taxistas en cuanto al tipo de visitante que él quería tener. Como muchos de ellos hablaban un poco de inglés y francés y seguramente juzgaban por las apariencias, escogiendo únicamente a los que Agatha Christie describía cómo “clientes de excelentes modales” (1). Quizás podemos suponer que el Bonsol siempre tuvo suerte con los clientes, porque no hay ningún recuerdo que no sea grato entre ellos y la familia Xamena.
En 1930 se contaban unos cuarenta mil visitantes en la isla, una cantidad que se triplicó en 1950, aumentando a una velocidad tan rápida que en 1962 el índice anual sobrepasó el millón. Los aumentos continuaron hasta la actualidad a unos ocho millones . Semejante número excedió la población de algunos países europeos más pequeños y no se pudo absorber fácilmente sin daños visuales y ecológicos en la línea costera, especialmente en las zonas cercanas a la capital y en algunos otros lugares privilegiados según tour operadores y constructores.
Antonio se había anticipado a la expansión pero, como la mayoría de mallorquines, no esperaba que alcanzase semejante nivel. Hacia el final de sus días vio cambios en la actitud de respeto y de protección al medioambiente, que empezaban a aproximarse a su propia forma de pensar. Las autoridades de la isla introdujeron medidas muy positivas para proteger el carácter de Mallorca y salvaguardar el medio ambiente en general. Se alegró mucho de verlo, como la mayoría de los habitantes de la isla. En el año 2001 el Bonsol recibió la distinción medioambiental “EMAS”, por su actitud de respeto al medioambiente
Mallorca sigue siendo un maravilloso y excelente destino turístico: no han cambiado muchas cosas desde que West lo describió en su sección, por ejemplo, cómo “la extensión de terreno más sublime de Europa” (1) o como afirmó Sand que la isla era uno de los lugares más bonitos de la Tierra. Escribió que invitó y esperaba la artista y era “El Dorado de la pintura” un lugar de tranquilidad natural, como “la verde Helvecia debajo de un cielo calabrés, con la solemnidad y el silencio de Oriente” (2). Realmente un gran elogio y aunque sus palabras algunas veces puede que parezcan inadecuadas en relación a la isla contemporánea, en otros momentos son del todo correctas.
West, p. 155. (2) Sand, p. 29
Antonio, al planificar el Bonsol, siempre deseó conseguir amplios espacios, así le permitía hacer cambios y adaptaciones cuando lo consideraba necesario.
El edificio principal parece relativamente modesto respecto al volumen, no es grande pero es muy accesible y esto es debido a que sólo se puede ver una pequeña parte desde cualquier lugar. Tiene multitud de espacios y gran diversidad en el alojamiento y los servicios complementarios.

Antonio y Roger Xamena fundaron el hotel y su familia ha continuado la política general con éxito. Una gran parte del personal ha contribuido a mantener el mismo espíritu con su dedicación durante 25 o incluso 30 años de servicio.
Ahora Martin y Lorraine Xamena continuan realizando mejoras en el complejo y se esfuerzan por cumplir con los más exigentes requisitos del siglo 21. Pretenden continuar las mejores tradiciones del Bonsol para que sus hijos sigan adelante con la misma ilusión.